No puedo pagar un microcrédito: qué pasa y qué hacer

Actualizado: · Equipo Prestámetro · Cómo comparamos

Lo primero, porque es lo que más tranquiliza y casi nadie lo dice: no pagar un microcrédito no es un delito y no vas a ir a la cárcel por ello. Es un incumplimiento de contrato, y tiene consecuencias económicas que crecen con el tiempo. Por eso lo único que importa hoy es frenar el reloj, y eso se hace hablando con la entidad antes del vencimiento, no después.

Qué ocurre, y en qué orden

Desde el día siguiente al vencimiento se aplica lo que firmaste: intereses de demora y, casi siempre, una comisión por impago o por reclamación de posición deudora. En un producto cuyo coste se cuenta por días, esta es la fase en la que la cifra se mueve más deprisa, y es también la fase en la que la entidad tiene más margen para pactar contigo.

En las semanas siguientes empiezan los avisos y, según el caso, el traslado del expediente a una gestión de cobro externa. En algún momento de este tramo puede llegar la comunicación previa a la inscripción en un fichero de morosidad tipo ASNEF: no es instantánea y tiene su propio procedimiento, con avisos y con la obligación del fichero de notificarte la inclusión.

Estar en un fichero de morosidad es lo que de verdad duele, y no por el préstamo en sí: es por todo lo demás. Pesa cuando pides una hipoteca, cuando financias un coche, a veces cuando contratas un móvil. Una deuda de 200 € mal cerrada puede costarte una operación de 20.000 € dos años después. Esa desproporción es la razón por la que merece la pena resolver pronto aunque el importe parezca pequeño.

Más adelante, si la deuda sigue viva, la vía es la reclamación judicial. Llega en una minoría de casos y en importes pequeños suele salir a cuenta antes el acuerdo, pero conviene saber que existe. Si recibes una notificación de un juzgado, no la ignores y busca orientación legal: los plazos para responder corren solos.

Qué hacer, por orden

1) Llama o escribe antes de la fecha. Es la diferencia entre negociar y que te reclamen. Una entidad que sabe con antelación que vas a retrasarte suele ofrecer opciones que ya no ofrece cuando el impago se ha producido. Y hazlo por un canal que deje rastro: correo o el área de cliente mejor que teléfono, o teléfono y después un correo resumiendo lo hablado.

2) Pide el desglose exacto por escrito. Cuánto debes hoy, cuánto es capital, cuánto interés, cuánto comisión, y cuánto sería en dos semanas. Sin ese número no puedes decidir nada, y es un dato que tienes derecho a que te den claro.

3) Compara las dos salidas en euros, no en sensaciones. Lo que cuesta la prórroga frente a lo que cuesta el impago. Si tienes fecha cierta de ingreso, la prórroga corta suele ganar. Si no la tienes, no compres tiempo que no sabes usar.

4) Ordena todas tus deudas por coste, no por quién grita más. Si tienes varias, paga primero la más cara por día —normalmente el microcrédito— aunque otro acreedor esté siendo más insistente. Es contraintuitivo y es lo que menos dinero te hace perder. La calculadora de cuota te sirve para las de plazo mensual y la de coste de microcrédito para las de días.

5) Guárdalo todo. Correos, capturas del área de cliente, justificantes de cada pago. Si más adelante hay que discutir un importe o una inscripción en un fichero, gana quien tiene los papeles.

Lo que no hay que hacer

No pidas otro microcrédito para pagar este: es el movimiento que convierte un apuro de un mes en una deuda de un año. No desaparezcas —dejar de coger el teléfono no para los intereses y cierra la puerta a pactar—. No pagues por adelantado a nadie que prometa cancelar tus deudas o borrarte de ASNEF en veinticuatro horas (es una estafa conocida). Y no des tus datos bancarios a quien te llama sin haber confirmado antes quién es: entra tú en la web de la entidad tecleando la dirección y pregunta allí.

Dónde termina esta guía

Hasta aquí llega lo operativo. Si lo que te preocupa es si el precio que te están cobrando es desproporcionado, si una comisión está bien aplicada o si una cláusula concreta de tu contrato se sostiene, eso depende de tu contrato y de tu caso, y no es algo que podamos resolver desde una página web: el contexto general está en microcréditos y usura, y la consulta concreta va a un servicio de consumo, a una asociación de consumidores o a un abogado. Nosotros comparamos condiciones publicadas; no intermediamos ni gestionamos deudas de nadie.

Y para cuando esto esté cerrado: si vuelves a necesitarlo, la comparativa de las entidades ordena por coste real, y merece la pena empezar por entender qué cuesta de verdad un microcrédito antes que por quién lo da más rápido.

Preguntas frecuentes

¿Es mejor pedir una prórroga o dejar que venza?

Depende de si la prórroga te da tiempo real o solo aplaza el problema. Si sabes con fecha cuándo vas a tener el dinero y la prórroga cubre justo ese hueco, suele salir más barata que los intereses de demora más la comisión por impago. Si no sabes cuándo vas a poder pagar, encadenar prórrogas es la vía rápida a devolver varias veces lo que pediste, porque cada una se paga aparte y no reduce el capital. La pregunta correcta antes de aceptar es cuánto cuesta la prórroga en euros y cuánto costaría el impago en euros: pídelo por escrito y compara las dos cifras.

¿Puedo pedir otro préstamo para pagar este?

Es la decisión que más deuda genera en este mercado. Un microcrédito nuevo para tapar el anterior no cancela nada: traslada la deuda y le suma el coste del segundo, que en este producto es alto. El patrón de encadenar entidades acaba con varias deudas vivas a la vez y con el rastro de solicitudes que hace que te rechacen en todas. Si la única forma de pagar el lunes es pedir el viernes, el problema no es de liquidez puntual y la salida no es otro crédito.

Me llama una empresa de recobro que no es la entidad, ¿es normal?

Sí, es una práctica habitual del sector: la gestión del cobro se encarga a un tercero o la deuda se cede a otra empresa. Lo razonable es pedir por escrito quién es, en nombre de quién actúa y el desglose de lo que reclama, y no pagar nada ni facilitar datos bancarios hasta tener esa identificación. Si el trato pasa de reclamar a presionar —llamadas a tu entorno, avisos fuera de horario, amenazas—, eso deja de ser gestión de cobro; se denuncia ante consumo y, si hay tratamiento indebido de tus datos, ante la Agencia Española de Protección de Datos. Las señales de que quien llama directamente no es quien dice ser están en estafas de préstamos online.

¿Alguien puede ayudarme a ordenar esto sin cobrarme?

Sí, y conviene empezar por ahí antes que por cualquier servicio de pago. Las oficinas municipales de información al consumidor (OMIC) y los servicios de consumo de cada comunidad atienden gratis y tramitan reclamaciones; los servicios sociales del ayuntamiento gestionan ayudas de urgencia para suministros y alquiler, que a veces es lo que libera el dinero del préstamo; y las asociaciones de consumidores orientan sobre cómo reclamar. Desconfía de quien te cobre por adelantado por «cancelar deudas» o «sacarte de ASNEF»: cobrar antes de hacer nada es la señal clásica.

Contenido informativo y educativo: no constituye asesoramiento jurídico ni financiero. Si detectas un dato desactualizado, escríbenos y lo corregiremos con nota de cambio.