Prórroga de un microcrédito: cuándo compensa y cuándo no

Actualizado: · Equipo Prestámetro · Cómo comparamos

Una prórroga es comprar tiempo: pagas una cantidad y la fecha de vencimiento se mueve unos días o semanas. Es una herramienta legítima y a veces la salida más barata frente a un impago. Tiene una sola regla que decide si te conviene: solo funciona si sabes con fecha cuándo vas a tener el dinero.

Lo que la prórroga hace y lo que no

Lo que hace es evitar que se disparen los intereses de demora y la comisión por impago, y evitar el rastro que un impago puede acabar dejando en un fichero de morosidad. No es poco: en un producto con coste diario, esos dos conceptos corren rápido.

Lo que no hace es reducir la deuda. El coste de la prórroga se paga aparte y no toca el capital: cuando la prórroga termina debes exactamente lo mismo que debías antes, con la diferencia de que ya has pagado por llegar hasta ahí. Es la parte que más gente descubre tarde.

La cuenta que hay que hacer, en euros

No decidas con la sensación de alivio; decide con dos cifras. Pide a la entidad cuánto cuesta prorrogar el plazo que necesitas y cuánto costaría no pagar durante ese mismo periodo —demora más comisiones—. Las dos por escrito. Si la prórroga es más barata y tienes fecha de ingreso, adelante. Si son parecidas, o si no sabes cuándo vas a pagar, la prórroga solo está aplazando la conversación que toca tener.

Por qué encadenarlas es la trampa

Cada prórroga parece pequeña comparada con el capital, y ahí está el problema: tres o cuatro seguidas suman una cantidad que nadie habría aceptado pagar de golpe al principio, y el capital sigue intacto. Si estás pensando en la segunda, la señal ya no es de falta de liquidez puntual, y lo que toca es hablar de un plan de pago con la entidad, no comprar otra semana.

Dónde mirar las condiciones

Las de tu caso están en tu contrato y en tu área de cliente, no aquí: cambian sin aviso y son distintas en cada entidad, así que cualquier cifra concreta que leas en una web ajena a la tuya —incluida esta— puede estar caducada. Lo que sí puedes comprobar antes de contratar es el plazo, que es la decisión que evita tener que prorrogar: si sabes que vas a necesitar meses, filtra por eso desde el principio en la comparativa en vez de pedir a treinta días y alargar después.

Si la prórroga ya no es opción porque el vencimiento pasó, el escenario es otro y está en no puedo pagar un microcrédito. Si lo que te chirría es el precio de todo esto, el contexto está en microcréditos y usura y en por qué la TAE sale de cuatro cifras.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas veces se puede prorrogar?

Depende de cada entidad y suele haber un límite, pero la pregunta útil es otra: cuántas veces conviene. La respuesta práctica es una, y con fecha cierta de cuándo vas a pagar. A partir de la segunda estás pagando por tiempo sin haber resuelto de dónde va a salir el dinero, que es exactamente el patrón que multiplica el total devuelto.

¿La prórroga reduce lo que debo?

No, y es la confusión más cara de este producto. Lo que pagas por prorrogar compra días, no amortiza capital: al terminar la prórroga debes lo mismo que debías, más lo que acabas de pagar. Por eso la comparación correcta no es «prórroga sí o no» sino los euros de la prórroga frente a los euros del impago durante ese mismo periodo.

¿Hay alternativa a prorrogar?

Antes de pagar por días, mira si puedes pagar una parte y prorrogar menos, si el acreedor de la factura que te apura (taller, clínica, suministro) admite fraccionar —muchos sí, y gratis—, o si un anticipo de nómina con tu banco o tu empresa cubre el hueco. Y descarta pedir otro microcrédito para cubrir este: es lo que convierte un problema de una semana en uno de un año.

Contenido informativo y educativo: no constituye asesoramiento jurídico ni financiero. Si detectas un dato desactualizado, escríbenos y lo corregiremos con nota de cambio.